

Entramos al abandonado edificio de Cortile di Via Savona número 37, un viejo testimonio de la historia de Milano. Una delgada línea de luz blanca en el techo y su relejo en el flujo de agua del suelo nos guían hacia luz al final del túnel. La luz nos deslumbra, nos invade y nos perdemos en ella.
En el patio, la vieja fachada se baña por las ondas de luz producidas por el reflejo del sol en la lámina de agua de la terraza. Por la noche, el agua se convierte en una gran masa alvina y por la vieja fachada corren olas de luz pálida.
Entramos otra vez y la lluvia nos sorpendre. Miles de gotitas de luz caen des del techo por nuestro alrededor. Sólo la lluvia nos alumbra. Las gotas se convierten en pequeñas lucecitas que desaparecen al estrellarse contra el suelo.
Y al salir, otra línea de luz en el techo con su reflejo en el agua del suelo nos indican la salida, pero esta vez nada nos deslumbra al final del tunel, sino que nos perdemos en una oscuridad total. Se acabó el espectáculo.
Esta es la experiencia que Toshiba propuso a los visitantes del Salon de Milano, contando con la colaboración del grupo DGT Architects. Estos eligieron este centenario edificio, a pesar de estar medio en runas y conservar sólo las paredes, tras un largo estudio que les llevó a considerarlo como el lugar ideal para crear una única experiencia de luz a través de la unión entre creatividad y tecnología. "Una luz que no existe en ningún otro sitio que no sea este".