El minismalismo se mezcla en este edificio con el uso de materiales puros, casi sin tratar. La ausencia del blanco en las paredes rompe con la imagen clásica de los edificios más puristas. Pero el ingenio de este horno, taller, sala de té y almacén, no hay que buscarlo en la forma, sino en el proceso constructivo.
Este proyecto es un experimento medioambiental en el que un encofrado de cedro se ha reciclado para la estructura de hormigón. Las piezas rectangulares de hormigón armado se construyen en la ladera; dado que los encofrados del hormigón conllevan un gran gasto en madera para encofrados, todos los materiales fueron reciclados. Siguiendo una nueva estrategia en la que se mide toda la superficie mural, exterior e interior, y la de todos los forjados, se deifinió el sistema constructivo. Los paneles de encofrado se realizaron en madera de cedro en un módulo estandarizado. Los paneles empleados en la estructura de hormigón son ahora las puertas exteriores, los de las particiones interiores han pasado a funcionar también como tabiques, y los del techo se emplearon parte como pavimento y parte como armarios. Una alternativa al reciclaje convencional en el que los materiales vuelven a su condición de materia prima, convirtiendo el reciclaje en un ciclo cerrado con bajo coste y respeto medioambiental.




