


Con el objetivo de crear un espacio primordial para vivir, anterior a que la noción "casa" se convirtiera en "la casa", Sou Fujimoto ha diseñado esta casa que no es un objeto, sino un campo de relaciones en el que continuidad y discontinuidad, abierto y cerrado, domesticidad y urbanidad se cruzan para volver al concepto en el que la casa era a la vez casa, ciudad, jardín, bosque, pradera, lo natural y lo artificial.
Los muros con incontables aberturas se diponen en forma espiral. El espacio fluctúa mediante las dimensiones de los huecos, conformando lugares que manifiestan la gradación dentro del solar, entendiendo este último como un campo de relaciones. Estancias y jardines se entremezclan entre esas paredes fundiéndose unos con otros. La sensación de una gran superficie combinada con una confortable sensación de cibjo, da lugar a una escala que se transforma con el uso y que crea ricas profuncidades mediante la multiplicidad de interiores y exteriores.
La circulación dentro la casa, al contrario ser un espiral de intimidad concéntrico como sería de esperar, se produce con una entrada que te sube al nivel de planta 1. Des de ahí, se llega al centro del espiral para bajar a la planta baja con una escalera de caracol. Las salas con mayor intimidad se situan en la zona más periférica, las zonas comunes en el centro, y en la planta superior, aisladas casitas sirven de habitaciones para los invitados a lo que parece más una casa en el campo que una sala dentro de una vivienda.