

Bucharest, la capital de Rumanía, es una ciudad que se abre pasos hacía la Europa occidental. Durante el comunismo la ciudad antigua fue arrasada por grandes avenidas preparadas para una circulación rodada futura que aún no llega a llenarlas. Al lado de edificios barrocos que se desmoronan poco a poco, crecen modernos edificios de acero y cristal; centenares de cables cruzan las calles; los coches se cruzan en aparentes plazas que sólo son vacíos; ...Pero si entráis en las pequeñas iglesias que salpican toda la ciudad, todo cambia, todo se transmforma.
Espacios pequeños como el comedor de una casa común, la misa cantada; las paredes lisas enlucidas y completamente pintadas de alegres colores; la luz de las velas; el silencio. Pequeñas pausas casi domésticas en medio del trajín de la ciudad.