El nombre de las bodegas ("bello-lugar"), ya indica el carácter especial de este valle, al pie de la montaña de un espacio protegido. Por ello, RCR decidió enterrar el edificio de las bodegas, siguiendo el camino que va uniendo los edificios que habitan el valle. Así, cuando el caminante anda por el camino, se encuentra de repente franqueado por un abanico de acero corten que lo acompaña hasta el paso subterráneo y después de él. En este paso bajo tierra, las dependencias de la bodega cuelgan de él en forma de peine, transformando, en planta y sección, las dimensiones de los espacios.
Entradas de luz cenital, frontal y lateral; techos ondulantes, paredes oblicuas; espacios crecientes que se abren a otros casi claustrofóbicos;... Un reino infinito conseguido, sólo, con recursos formales, pues los únicos materiales utilizados son el acero corten y el cristal.