


Seguramente los concursos de arquitectura son tan antiguos como la profesión misma, pero se ha de destacar el Renacimiento como época en que adoptan el formato y cobran la legitimidad que hoy les reconocemos.
El más célebre de aquel tiempo fue el concurso para diseñar la cúpula de Santa Maria del Fiore, la catedral de Florencia, de estilo gótico italiano, iniciada en 1296 y continuada por Giotto desde 1331. Inacabada, en 1418 la Corporación de la Lana convocó el concurso para la construcción de una cúpula, todos los gremios se presentaron y solo una figura se presentó sin pertenecer a ninguno de ellos, Brunelleschi. Su propuesta triunfó gracias a un sistema constructivo innovador basado en una doble piel que ganaba inercia sin aumentar peso. Todo un reto, no solo por un proyecto que superaba en altura y destacaba del resto de las edificaciones, sino por cambiar el papel de la construcción bajo un gremio a la construcción bajo la mano de un solo arquitecto..
En 1436 se acabó la cúpula, convirtiéndose en el símbolo de orgullo de la ciudad. Más tarde se convocó el concurso para la estilizada linterna, al cual ningún gremio se atrevió a presentarse, siendo Brunelleschi el único candidato, se acabó en 1471, años después de su muerte.