

Una nueva forma de entender el camuflaje, la discreción y la integración. Pues, aunque su forma no sea nada orgánica, su fachada (o la falta de ella) de cristal reflejante lo convierte en un fragmento más de bosque. El cubo roba la imagen de lo que lo rodea, creando cierto desconcierto a primera vista, antes de descubrir el camaleónico objeto.
Sutil pero duro; simple pero al mismo tiempo complejo; rígido pero cambiante. Así son los siete cubos de cristal , las habitaciones del Tree Hotel, que se encuentran repartidos por un bosque del norte de Suecia.
La habitación refugio, es un cubo de cuatro metros de lado, revestido de espejos y montado colgado en torno al tronco de un árbol. Está equipada con una cama doble, una pequeña cocina, un baño, una sala de estar y una terraza. El acceso se resuelve con una escalera de cuerda.