Barcelona es una ciudad con un encanto especial, donde el devenir de los siglos ha ido evolucionando la urbe de forma especial en cada uno de sus barrios.

La arquitectura modernista de la ciudad es sin duda uno de los grandes reclamos turísticos tanto desde el punto de vista del ocio como desde el punto de vista de arquitectos, diseñadores y constructores de todo el mundo.

A continuación os proponemos una ruta por la arquitectura modernista de la ciudad condal, por los enclaves especiales del modernismo y veremos algunas de las nueve obras maestras modernistas que hay en Barcelona que han sido declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Arquitectura modernista: Todo tiene un principio

CASA VICENS: El preludio de la arquitectura modernista

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Fotografía de Carlos Cunha, CC BY-SA 3.0, Link

Estamos de enhorabuena, después de 130 años cerrada desde este mismo noviembre podemos visitar la primera obra arquitectónica de Gaudí. Se trata de la poco conocida Casa Vicens, ubicada en el barrio de Gràcia de la capital catalana.

Esta singular obra fue el primer proyecto de Gaudí, de un joven y ambicioso arquitecto que iba a enfrentarse a su primer gran reto. La casa evoca a ese joven arquitecto y a lo que más tarde llegaría a ser la denominada esencia del universo Gaudí. La decoración y la simbología que va a utilizar en Casa Vicens la veremos reproducida a posteriori en sus otras grandes obras.

La casa fue un encargo de Manel Vicens, un corredor de bolsa de la burguesía catalana que quería disponer de una casa de veraneo. Podemos concluir, que la Casa Vicens es una casa “visionaria” del futuro modernista de la ciudad y que va a convertirse en el preludio del modernismo de Gaudí.

Palau de la Música Catalana

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Fotografía de Jiuguang WangTrabajo propio, CC BY-SA 3.0 es, Enlace

En el distrito de Ciutat Vella nos encontramos con un edificio singular, se trata del Palau de la Música Catalana, construido por el arquitecto modernista Lluís Domenech i Montaner como primera sede del Orfeó Catalá, que tenía la particularidad de ser subvencionado con fondos que proceden de la suscripción popular.

Son muchos los elementos que podemos ver reflejo de las construcciones modernistas en una combinación de diversas artes, trabajando con igual dinamismo la escultura, el vidrio, los mosaicos y la forja.

En 1997 la Unesco incluyó el edificio como Patrimonio de la Humanidad.

Las obras arquitectónicas de Domenech presentan una gran calidad y originalidad. El exterior del Palau mezcla diferentes grupos escultóricos que hacen referencia al mundo de la música y se entrelazan en toda la fachada con elementos de la naturaleza formando un conjunto armónico integrado.

La sala de conciertos se convierte en un lugar mágico, imaginado como una inmensa caja de cristal y que alcanza su punto más álgido en la coronación de la sala por un gran lucernario central.

En el escenario, podemos encontrar esculturas de las musas de la música en altorrelieve que van a servir de telón de fondo de la orquesta sobre el pavimento.

Hospital de Sant Pau

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Fotografía de Jesús ArpónTrabajo propio, CC BY-SA 3.0, Enlace

Puede parecer desconcertante encontrar un hospital como un edificio de referencia en arquitectura modernista. El Hospital de Sant Pau se va a convertir desde su apertura, como Hospital de la Santa Creu y Sant Pau en 1401, en un edificio especial con una trayectoria arquitectónica evolutiva esencial para entender el crecimiento modernista en la ciudad de Barcelona.

El edificio primitivo estaba ubicado en el barrio del Raval, pero el incremento demográfico de la ciudad hizo que se adquirieran nuevos edificios en diferentes puntos de la ciudad catalana. La sede inicial del hospital en la actualidad es la biblioteca de Santa Creu y el resto del hospital trasladado al Camp de l’Arpa.

El pabellón modernista obra también de Domenech i Montaner, alberga unas localizaciones exuberantes, rodeadas de inmensos jardines. Se trata del complejo modernista más grande del mundo, con 27 pabellones, aunque en su ideario se había estimado la construcción de 48.

El recinto cuenta además con un sistema subterráneo de túneles de más de un kilómetro de longitud y en los jardines estaba planteado el cultivo de plantas medicinales, forma habitual de trabajar de los hospitales de finales del siglo XIX.

La construcción faraónica duró 28 años y fue inaugurada por el rey Alfonso XIII.

Casa Comalat

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Fotografía de StefanrevolloTrabajo propio, CC BY-SA 4.0, Link

En la avenida Diagonal de Barcelona vamos a encontrar una obra modernista de la que se suele hablar en menos ocasiones pero que muestra en su concepción del modernismo tardío un ejemplo de la extensión de este movimiento arquitectónico en la ciudad de Barcelona.

La construcción fue llevada a cabo por el arquitecto Salvador Valeri i Pupurull en 1911. Su trabajo refleja claramente la influencia de Gaudí tanto en la forma de la fachada como de los accesos a la vivienda. Es un edificio con una naturaleza muy original compuesto por dos fachadas diferentes: la fachada de la avenida Diagonal con formas más simétricas y conservadora y la fachada de la calle Roselló, totalmente diferente con formas atrevidas y naturales evocando ese elemento tan característico del modernismo como es la referencia a la naturaleza.

El edificio está coronado por una torre que tiene la forma de un sombrero de arlequín, para su construcción Valeri optó por revestirlo de cerámica vidriada de color verde a juego con los colores utilizados en la fachada de la calle Roselló.

En toda la obra podremos apreciar en la decoración de las fachadas y las puertas inferiores los arcos parabólicos, balcones curvados y decoración floral.

Casa Terradas

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Fotografía de Dimitri Mozzhukhin, CC BY 3.0, Link

La arquitectura modernista tiene la capacidad innata, por su diversidad, de sorprendernos y el caso de Casa Terrades es sin duda un caso muy especial. Desde la distancia puede parecernos un castillo gótico en plena avenida Diagonal.  Conocida popularmente como La casa de les punxes es uno de los perfiles modernistas más identificativos de la ciudad.

El arquitecto encargado del proyecto fue Josep Puig i Cadafalch que recibió el encargo por parte de las hermanas Terradas, propietarias de tres pisos en la finca y de los cuales querían su unificación. En 1905 se finaliza la obra que ocupa una manzana triangular y que despunta como un castillo medieval con cuatro torres, una en cada esquina de la construcción.

Elementos clásicos del modernismo como el trabajo del hierro en las balconeras de la mano de Manuel Ballarín e incluso referencias neogóticas se suman a vidrieras de colores y paneles de cerámica con símbolos patrióticos catalanes.

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